a lo que el hombre me respondió - es que esos clavo le molestan a tal punto para quejarse, pero no son lo suficientes molestos como para que el decida cambiar la situación en la que se encuentra y moverse.
Ese día comprendí que los humanos somos como ese perro y que los clavos son nuestros problemas, por los cuales nos quejamos y muchas veces no hacemos nada para solucionarlos, es por eso que todo depende de nuestra voluntad para poder continuar y seguir adelante.
Nosotros somos dueños de nuestro destino, nosotros elegimos como queremos vivir, elegimos como queremos que nos afecten las cosas que nos pasan.
Por eso recuerda que si tu te lo propones lo puedes lograr solo hace falta una pizca de voluntad.
